Quién diría que un post podría cambiarte la vida

Llevo varios días procrastinando escribir esto y, cuando trato de entender por qué, se me ocurren un par de respuestas: 

La primera es que quería estar segura de poder explicar, de la manera más honesta, la razón por la cual estoy haciendo lo que te voy a contar.

La segunda, porque me da nervios lanzarme a esto. Es importante para mí, me emociona, pero también sé que implica aventurarme por otros caminos. 

Las razones por las que quiero hacer lo que te voy a contar más adelante son muchas, pero voy a empezar por una que me duele profundamente. 

Como soy una señora, es habitual que entre a Facebook y, por supuesto, también haga parte de varios grupos de mujeres.

Algunos son de mamás, otros tienen de todo un poco, y otros son de personas muy privilegiadas que venden tenis Golden Goose de segunda en tres millones de pesos o preguntan cómo hacen las que ganan 42 millones al mes para que les alcance, si solo comen carne Wagyu como la gente “normal”. 

La cuestión es que, sin importar de dónde provengan estas mujeres o a qué estrato pertenezcan —porque eso es lo de menos—, con frecuencia me encuentro con publicaciones en las que algunas se desahogan. En cada línea dejan ver la profunda impotencia de sentirse atrapadas en matrimonios que no las hacen felices o en los que sufren maltrato psicológico o, en el peor de los casos, físico. 

-“¿¿¿Por qué sigues ahí??? ¡Huyeeeeeee!” 

Contestan algunas, sin medir que la razón por la que no han dejado atrás esa relación no es porque les encante que las hagan sentir menos o que no las amen, sino porque no tienen ninguna fuente de ingresos y dependen 100 % de sus esposos para su manutención. 

Otras no viven esta situación, por fortuna, pero sienten que haber puesto en pausa su vida laboral por la maternidad no solo las cuestiona, sino que también les ha hecho perder su independencia económica y, con ella, su autoestima y capacidad de elección.

No les parece chévere tener que pedirle plata a sus parejas para comprarse un champú o vivir con la incertidumbre de si podrán contar con ese apoyo para siempre. 

Algunas se han dado cuenta de que han pasado los años y no han podido reactivarse laboralmente porque “¿quién me va a contratar después de tanto tiempo cesante?” o porque descubrieron, en esa pausa, que eso que hacían ya no las apasionaba. 

Y claro, también están las que, como yo, un día empezaron a desmoronarse cada domingo ante la víspera de una nueva semana laboral en un lugar con el que ya no se sentían conectadas y que, por el contrario, les producía más tristeza que alegría.

Leo esos desahogos y, aunque siento su misma angustia, su misma impotencia, también he sido (o he querido ser) parte de aquellas que aconsejan que salgan corriendo de esa mala relación o que se lancen a vivir la vida de sus sueños porque la vida es ahora… pero también me he contenido muchas veces, porque sé que da MUCHO miedo. 

Lo sé, porque detrás de cada uno de esos desahogos se esconde una necesidad urgente: encontrar esa varita mágica que les regale o les devuelva la independencia económica con la que tanto han soñado, o esa lámpara de los deseos que les muestre el camino para poder escaparse de ese trabajo que no disfrutan pero que no pueden dejar porque no tienen ni idea de qué van a vivir. 

Sé que, si no han tomado decisiones, no es por falta de ganas ni por pereza, sino porque no tienen ni idea de cómo empezar a generar ingresos por su cuenta o cuál es el primer paso para construir, así sea, una gota de libertad económica.

Porque no saben a quién preguntarle.
Porque se sienten solas.
Porque no quieren contarle a nadie por lo que están pasando.
Porque no han descubierto qué las mueve ni el valor que pueden ofrecer.

Porque sienten que dar ese primer paso sería mucho más sencillo si tuvieran a alguien que las tomara de la mano, las acompañara y les diera la seguridad que necesitan para subir el primer peldaño que hace que comience a aparecer la escalera hacia una mejor versión de sí mismas. 

¿Y sabes por qué sé todo eso? Porque, como ya lo dije arriba, yo estuve ahí. 

Por fortuna, jamás supe lo que es tener un esposo maltratador, pero sí viví muchas de las circunstancias que viven esas mujeres.

Sentí la desesperación de tener que ir a trabajar en sitios que no disfrutaba, sin poder renunciar porque esa plata era necesaria.

Después de tener a mi hija, pasé por un periodo en el que dependía por completo económicamente de mi entonces marido y me angustiaba pensar que iba a seguir siendo así.

Poco después me divorcié y me pregunté cómo iba a salir adelante sin su apoyo financiero y emocional, y más siendo “independiente”, pues ya había renunciado a mi vida corporativa hacía unos años.

Pasé noches dando vueltas en la cama, pensando de qué iba a vivir durante la pandemia, al ver cómo cada una de las marcas con las que trabajaba había pausado sus contrataciones. 

Escribo todo eso y me siento nerviosa.

Fueron momentos difíciles, de mucha incertidumbre.

¿Pero sabes qué?

En todos y cada uno de ellos encontré la manera de sortearlos, y puedo decirte con orgullo que han pasado 13 años en los que, gracias a todas las varitas mágicas y lámparas de los deseos que me he construido —porque no es que las haya encontrado—, he logrado tener una independencia económica que, si bien no me ha hecho millonaria, me ha permitido responder por mis obligaciones, por las de mi hija, darme gustos, pagar deudas, viajar, lanzarme a emprender y construir un negocio que genera ingresos para mí y mis colaboradores. 

He aprendido un montón de cosas en ese camino y siento que ha llegado el momento de compartirlas contigo.

Porque ya me siento con la autoridad de decirte que existe la posibilidad de que te construyas un trabajo que te guste y que te genere ingresos.

Que no vas a estar sola mientras lo recorres.

Que te va a llenar de satisfacciones.

Que va a despertar tu valía. 

Y no te me asustes: no voy a empezar a hablarte de Amway o Herbalife. 

Vengo a hablarte de algo que llevo tiempo creando, que aunque sé que no es para todas, sí puede ser la respuesta para muchas. 

Con mucha emoción te presento: 

La Escuela Secreta para Creadores de Experiencias

 

Más que un curso, es un viaje de 5 módulos online donde te acompañaré, con mucho amor y propósito, a:

  • Descubrir tus talentos y lo que te mueve.
  • Diseñar tu propia experiencia única (no tiene que ser gastronómica)
  • Organizarla para que sea viable y rentable.
  • Comunicarla para atraer a las personas correctas.
  • Lanzarla en un entorno seguro, con mi acompañamiento.
 

Además, si estás en Bogotá tendrás la oportunidad de usar gratis nuestro espacio ConContraseña para hacer tu experiencia piloto y ganar confianza y seguridad. 

Y sino, también te tengo otro bono que te va a encantar.

Así que ya sabes, si lo que estás viviendo ahora no te llena, este puede ser el primer paso hacia esa independencia que sueñas.

Aquí vamos a romper reglas, explorar ideas que parecen locas, meterle alma a lo que haces… ¿y sabes qué es lo mejor?

Que no tendrás que hacerlo sola. 

Y como quiero darlo todo y acompañarte de manera muy cercana, este será un viaje íntimo para muy pocas personas que de verdad estén interesadas en construir una salida real de esos lugares donde no son felices, que sueñen con tener independencia, ingresos y, sobre todo, libertad de elegir lo que quieren ser. 

Muy pronto te contaré más sobre el precio y las fechas.

Por ahora, si esto te suena como el principio de algo grande, haz clic aquí y llena el formulario para que podamos enviarte todos los detalles.

 

La puerta está abierta, y yo estaré del otro lado esperándote.