Siento como si hubiera vivido muchos años en un mismo año.
En enero me sentía pisando el terreno más incierto. Llevaba apenas 5 meses en el espacio al que había mudado mi negocio con mucha ilusión y ahora me enfrentaba a la necesidad de volver a mudarme.
La tristeza de sentir que todo el esfuerzo y las ganancias de fin de año se iban a ir en el montaje de otro lugar, la impotencia (y sí, la rabia) de aceptar que existen personas mala leche aunque me costara creerlo, la frustración de no poder ser y hacer lo que me gusta, la angustia de los costos fijos y esa pregunta martillándome la cabeza:
¿por qué, por qué, por qué…?
Como es usual en mí, me permití vivir un pequeño tiempo de pánico mezclado con introspección y luego tomé un lápiz, le saqué punta y comencé a dibujar en ese lienzo en blanco que me gusta imaginar cuando todo se derrumba y me enfrento a la posibilidad de crear, de volver a empezar.
De manera muy consciente me tomé unos días para organizar las gavetas de mi cabeza y empecé a tomar acción.
Se despertó en mí una negociante malabarista que desconocía, para hacer acuerdos aquí y allá, encontrar un nuevo local, estirar el presupuesto como si fuera un slime que se escurre entre los dedos. Volví a abastecerme de la paciencia infinita que se necesita cuando estás montando un negocio (por tercera vez, aunque eso sí, con mucha más cancha) y lo volví a hacer.
En abril abrí las puertas del tercer “nuevo” ConContraseña y ahí entendí de primera mano eso que dicen todos los gurús del crecimiento personal: no es por qué, sino para qué.
La vida me estaba invitando a sentirme libre a través de señales agresivas. A veces tiene que adoptar el papel de esa persona que nos quiere de verdad para decirnos sin condescendencia que merecemos algo mejor, que nos quita a la fuerza el edredón de la comodidad con el que nos estábamos cobijando y nos abre las persianas para que nos entre la luz.
Y sí, nos enfadamos, nos cae gorda, pero luego, luego le agradecemos y entendemos.
Hoy, a tan solo días de que se acabe el año, pienso en esos meses que parece que se hubieran bifurcado en otros meses y no puedo estar más que agradecida.
Mi libertad tenía un precio que ya pagué y hoy me siento en paz, feliz de poder ser en un espacio que me encanta, donde pasan cosas muy bonitas y que ayuda a otros a que también sucedan.
Llegar a este punto me ha costado, pero me siento orgullosa de haber surfeado esa ola con entereza y determinación.
Porque creo en lo que hago, porque me apasiona, porque tengo muchas ideas por hacer realidad y porque no me parecía justo entregarle el control remoto de mis sueños a nada ni a nadie.
¿Y por qué te cuento esto?
Porque yo sé que tal vez para ti este año también ha estado complejo, también te ha traído retos, también te ha hecho querer tirar la toalla.
Porque a lo mejor llegó para revolcarte la vida y hacerte sentir en un callejón oscuro sin salida, pero ¿sabes qué?
Todo eso va a pasar.
Pero ojo, aunque me encante creer en la magia, aquí seré la amiga cruda que te saca la cobija y te abre las persianas:
no pasará con solo desearlo.
Pasará cuando tomes ese lienzo, te armes de unos buenos pinceles y comiences a pintar soluciones, alternativas, maneras de darle vuelta a las cosas, tomar el toro por los cuernos y, de repente, descubrir esa puntica que desenreda la madeja.
Te costará, te sentirás perdido o perdida, pero una vez lo hagas sentirás la liviandad de hacerte cargo y te entrarán unas ganas enormes, como a mí, de levantar una copa y brindar por lo chuleado y por lo que está por chulear.
Por eso, quiero cerrar este año de experiencias al público con un plan que se debate entre ser una clase de cocina y una fiesta.
Se llama Alitas, Margaritas y otras cositas.
Hace mucho no la hacía, pero cuando me puse a pensar cuál sería la mejor experiencia para cerrar el año y que pudiera sentirse como una auténtica celebración, esta se me vino a la cabeza.
Para mí, este plan se siente como una reunión de amigos relajada donde cocinamos juntos cosas deliciosas, nos preparamos unas margaritas espectaculares, nos reímos, brindamos y nos olvidamos durante unas horas de todo eso que nos preocupa porque estamos ahí, presentes, disfrutando, conociendo nuevas personas, celebrando, aprendiendo, probando, compartiendo…
Esta edición será, además, diferente porque le agregamos un componente extra.
Además de aprender a hacer alitas irresistibles, unos acompañamientos deliciosos y unas margaritas bien hechas, tendremos también una cata de tequila y mezcal guiada por Nicolás Reines, el mejor sommelier del país.
Últimamente he tomado muchas clases con Nico a través de su programa Vino por partes, donde nos acerca al mundo del vino y los destilados de una manera realmente diferente y muy divertida, por eso cuando pensé en retomar la experiencia de Alitas y Margaritas, sabía que tenía que invitarlo a hacer parte.
Porque si algo me ha pasado después de estar en sus clases y catas es que descubrí algo que ya había dicho Don Sócrates:
“solo sé que nada sé”.
Sí, yo creía que tenía buenos conocimientos sobre el vino, el whisky, la ginebra, el pisco, el tequila y el mezcal, pero no, mis amigos y amigas.
Me he sorprendido con una cantidad de datos maravillosos que desconocía, he derrumbado muchos mitos, he probado cosas poco comunes y, tengo que decirlo, me estoy salvando de hacer mucho el oso a la hora de catar un licor o de pedirlo en un restaurante (no se imaginan la cantidad de cosas que estaba haciendo mal, pero bueno, ese será otro capítulo).
Así que, si este año te movió el piso, te retó, te sacudió o simplemente quieres cerrar estos meses con algo que te recuerde que la vida también se trata de disfrutar, de estar presente y de celebrar, te espero en esta última experiencia abierta del 2025.
Alitas, Margaritas y otras cositas no es solo un plan lleno de sabrosura: es una pausa para respirar, aprender, reír y brindar por todo lo que ya atravesaste y todo lo bueno que viene.
Será el 28 de noviembre a las 7:30 p.m., en ConContraseña.
Si te suena cerrar el año así, con buena energía, buena comida y buena compañía, haz clic aquí para separar tu cupo.
Son pocos, como siempre.