Lo que aprendí después de ganarme el Baloto

Todavía no lo puedo creer.

Había comprado un Baloto uno de esos días en los que sentía que la suerte estaba de mi lado, aun sabiendo que las probabilidades de ganar eran mínimas.

No soy de comprar loterías, pero ese día sentí que debía hacerlo.

Dos días después, revisé la página con escepticismo y empecé a leer los números ganadores mientras comparaba con mi tiquete.

Esto no podía ser verdad, ¡¡¡había ganado!!!

¿Cuánto?

No te diré la cantidad exacta pero sí que es mucha, mucha, mucha plata.

Mi mente comenzó a volar y empecé a hacer planes con todo ese dinero. Lo primero que pensé fue en saldar esa deuda que ahora se veía minúscula, darles una buena parte a mis papás para que la gasten en lo que quieran, otra a mi hermano, vivir donde siempre he soñado y luego… me desperté.

No me odies, jajajaja, pero es que cuando empecé a escribir este correo me puse a pensar en esos momentos que creo que todos hemos tenido, donde fantaseamos con tener la vida resuelta económicamente hablando.

Muchas veces he cerrado los ojos y me he imaginado qué haría si el dinero no fuera un problema, y lo bonito del ejercicio es que siempre he llegado a la misma conclusión.

Que después de saldar pendientes y consentir a los míos y a mí misma, más que comprar cosas de lujo o gastar como comerciante de alto riesgo, yo invertiría gran parte de esa plata en vivir.

Sí, gastaría en experiencias. En planes que se van a quedar en mi memoria para siempre, que me suman, que me divierten, que me hacen crecer.

Me la pasaría metiéndome en cursos o haciendo cosas donde no solo aprenda, sino que también pueda conocer personas interesantes.

Visitaría lugares que me inspiren y me sorprendan…

En eso es que creo que vale la pena invertir, porque, como bien dice el dicho: ¿cuándo has visto un carro fúnebre con un camión de mudanza detrás?

¿Pero sabes qué es lo más bonito de todo?

Que también casi siempre llego a otra conclusión, y es que no necesito ganarme el Baloto ni ser millonaria para hacerlo.

Puedo vivir esa vida de millonaria hoy mismo, entendiendo que para mí la abundancia se trata de llenar la existencia de momentos memorables e inspiradores.

Que solo necesito ponerme en modo explorador y empezar a cazar planes.

Tal vez por eso es que sigo muchas cuentas o estoy metida en algunos grupos en WhatsApp donde comparten planes o cosas para hacer.

Algunos gratis, otros con costo, pero todos listos para regalarle a quien se apunte un recuerdo, nuevos amigos o esa respuesta que tal vez estaba buscando.

Pienso en la dicha de tener tantas opciones y me emociona saber que todo eso existe. Y ahí, en medio de esa felicidad, me doy cuenta de algo que me llena de orgullo: a través de mi trabajo y de ConContraseña, mi fábrica de experiencias, no he hecho más que crear esos espacios para que otros también puedan vivir eso que yo tanto valoro.

Espacios para salir de la rutina.

Para probar algo nuevo.

Para sentarse a una mesa con desconocidos que, al final de la noche, ya no lo son tanto.

Para aprender, reírse, brindar, equivocarse un poquito y volver a intentarlo.

ConContraseña nació de esa idea simple pero poderosa: no esperar a “algún día”, no postergar la vida hasta que todo esté resuelto, no dejar las ganas guardadas para cuando sobre tiempo o dinero.

Por eso hoy quiero contarte que la agenda de enero y febrero ya está lista y viene llena de planes pensados para explorar, compartir y vivir con intención.

Experiencias distintas, relajadas, divertidas…

Planes para venir solo, en pareja o con amigos.

Planes para aprender a hacerte la vida más sencilla o simplemente para pasarla bueno, sin mayores pretensiones.

Planes para regalarte algo que no se envuelve, pero se queda.

No necesitas ganarte el Baloto.

Solo elegirte un plan y decir: ¡me apunto de una!

Ojalá alguno de estos encuentros sea ese recuerdo que, dentro de un tiempo, te haga sonreír y pensar: qué bueno haber ido.

Haz clic aquí puedes conocer la agenda completa y escoger tu próxima experiencia.

¡Nos vemos del otro lado de la contraseña!