Hace un tiempo dejó de seguirme

Hace algunos años, una persona a la que quise mucho dejó de seguirme.

No solo en las redes, en la vida. Supongo que la razón fue que le dolía saber de mí, así como a mí me dolía saber de él. O al menos, eso elegí pensar en ese momento.

“Contacto cero”, le llaman algunos.

Una táctica para evitar sucumbir a la nostalgia tras una ruptura y no volver a caer en la tentación. Funciona mientras seas perseverante y tengas la suficiente compasión para entender que lo haces para sanar, y no desde el odio o la venganza.

Y es que no todas las historias de amor terminan mal. A veces, se acaban porque es tanto el amor, que entendemos, desde una profunda sensatez, que el otro merece ser feliz desde su autenticidad, y no desde el “deber ser”.

Cuando eso pasa, duele, pero hay una bonita recompensa: tiempo después, cuando llegan los recuerdos, estos aparecen acompañados de sonrisas, y no de tristeza ni de rabia.

Yo lo recuerdo, y en mi mente se dibujan muchas cosas. Las imágenes que más aprecio son todas esas en las que estábamos los dos, de manera intencional, viviendo la ciudad como turistas. Él, aunque había nacido en Bogotá, y yo, aunque había hecho de la capital mi segundo hogar hacía mucho tiempo.

Pocos me han seguido tanto la cuerda como él, y pocos han entendido de manera tan natural cómo me gusta vivir la vida: en modo explorador.

No era raro vernos caminar sin un destino fijo, bajo la premisa de dejarnos sorprender por un barrio. Tampoco era extraño meternos en una librería durante horas, fijándonos en lo que el otro curioseaba para luego sorprendernos mutuamente, unos días o semanas después, con ese libro que tanto nos había llamado la atención a cada uno. Él estaba atrapado con Juan Gabriel Vásquez, yo con Ricardo Silva. Tampoco era inusual pegarnos escapadas improvisadas al teatro La Castellana, a repetir una película en el cine o a conocer el café nuevo del Park Way, porque podíamos, queríamos y nos queríamos.

Hace unos días me lo encontré, después de tres años de contacto cero, y aunque el cariño sigue intacto, los abrazos también, y la página es otra, solo siento tranquilidad y un agradecimiento profundo: el de haber podido vivir la experiencia de compartir con alguien que me regaló la felicidad de sorprenderme, de escaparse conmigo, de dejarse llevar, de ser espontáneos, pero sobre todo, que me regaló tiempo de calidad para conectarnos de una y mil maneras.

Sé que muy pronto me toparé con otro explorador. Mientras tanto, seguiré sacando de mi maleta de vivencias muchas ideas para que todas esas parejas que existen hoy puedan experimentar la alegría que se siente al conectarse de verdad con esa persona que tanto quieren, aunque muchas veces sientan que no la quieren como antes.

Una de esas ideas es una de las experiencias más lindas que he creado para ConContraseña: Las EscapaDates.

Las diseñé para que puedas regalarte, junto a tu pareja, una “escapada” para reconectarse de una manera diferente y divertida mientras cocinan un menú delicioso y comparten con otras parejas. Para volver a sentir esa complicidad que los enamoró, verse con otros ojos y aprender una nueva forma de comunicarse. Créeme que eso nunca se olvida.

El 6 de agosto a las 6:30 p. m. tendremos una y la temática es Italia. Haremos pasta desde cero, brindaremos y seremos felices.

Si sientes que esto puede ser para ustedes, no dudes en hacer clic aquí:

https://catalba.co/experiencias-para-parejas/

Todos merecemos tener a alguien con quien pegarse una EscapaDate.

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